Archivo y biblioteca

El Archivo y la Biblioteca son dos de las joyas del Consejo de Estado. Ambos, conforman lo que podemos denominar el Centro de Documentación de la entidad.

La Biblioteca, especializada en tanto que sus colecciones atienden primordialmente a objetivos de estudio en el campo del derecho público, fue creada en 1874 con un presupuesto de 25.000 pesetas para conformar un fondo bibliográfico. Hoy, la Biblioteca del Consejo de Estado cuenta con unos 80.000 títulos.

Un volumen considerable, repartido en cinco fondos: el fondo antiguo, custodiado en una preciosa biblioteca del siglo XIX situada en la planta noble de la institución y con ejemplares que se remontan al siglo XVI, conservándose además algunos ejemplares manuscritos. Entre los tesoros de esta Biblioteca, se encuentran: el manuscrito en pergamino firmado por el rey Felipe IV en 1649 por el que otorgaba privilegio a Don Miguel de Monsalve de la jurisdicción y nombramiento de oficios en la Villa de Villamantilla; y las láminas plegadas de 1717 en las que se describe la boda entre el rey Felipe V e Isabel de Farnesio, celebrada por poderes en la catedral de Parma.

Los otros cuatro fondos son el fondo moderno (formado por la colección bibliográfica adquirida desde 1982 hasta hoy); el fondo llamado ‘Biblioteca Marqués Casa Pizarro’ (casi 6.000 títulos donados al Consejo por D. Álvaro Alonso-Castillo y Romeo, que fuera letrado de la casa); el fondo del Cuerpo de Letrados (publicaciones cuyos autores han sido o son miembros del Cuerpo de Letrados del Consejo); y las publicaciones periódicas (150 títulos vivos de revistas especializadas, tanto españolas como extranjeras).

El Archivo, por su parte, custodia todos los documentos generados por el Consejo de Estado a partir de 1850. La ingente documentación generada desde la fundación del Consejo, en 1522, hasta 1850 se encuentra repartida en distintos archivos españoles, pero en uno en particular: en el Archivo General de Simancas (por cierto, fundado al igual que el propio Consejo de Estado por Carlos V).

El Archivo del Consejo de Estado está repartido en dos fondos. El fondo histórico alberga unos 130.000 expedientes, correspondientes al periodo 1833-1939, y con temáticas que van desde Fomento hasta Gracia y Justicia, pasando por Asuntos Exteriores, Presidencia, Gobernación, Ultramar o, muy interesantes desde el punto de vista histórico, los expedientes producidos por el Consejo durante la Guerra Civil, incluidos los que se generaron cuando el Consejo se trasladó a Valencia y a Barcelona siguiendo al Gobierno de la II República.

El fondo histórico del Archivo es ideal para, a través del análisis jurídico del Consejo, tomar el pulso tanto a algunos acontecimientos históricos como a las barreras sociales contra las que chocaban, por ejemplo, las mujeres. Ahí tenemos el expediente de 19 de octubre de 1934 en el que la licenciada Teresa Argemí suplicaba al Gobierno poder presentarse a las oposiciones a la Judicatura. El Gobierno consultó al Tribunal Supremo y al Consejo de Estado…que dictaminó no acceder a la petición de Argemí por ir contra las leyes vigentes (¡del siglo XIX!), «sin prejuzgar la compatibilidad o incompatibilidad del sexo femenino con las funciones de la Judicatura (…)».

O el Reglamento para la ejecución de la Ley de 13 de Febrero de 1880, que mandó cesar el estado de esclavitud en la isla de Cuba. O la consulta que el ministerio de Marina realiza al Consejo sobre cómo interpretar el artículo sexto del Tratado de Paz de París, de 10 de diciembre de 1898, en lo que se refiere a los desertores del Ejército español capturados en las filas insurrectas.

El segundo fondo es el denominado Archivo Actual, con cerca de 110.000 expedientes despachados tras la reanudación de la actividad consultiva al finalizar la Guerra Civil. También alberga los informes de la Comisión de Estudios, los expedientes personales de Presidentes, Consejeros, Letrados y personal administrativo en general que ha prestado servicio al Consejo de Estado.

Verba volant, scripta manent”. Este aforismo atribuido al emperador Vespasiano adquiere especial relevancia en el mundo jurídico: el derecho se manifiesta por medio de palabras y estas, para perder su carácter efímero, deben de fijarse y conservarse  en documentos que garanticen su pervivencia a lo largo del tiempo.  El Archivo, como memoria escrita y fidedigna permite conocer la función consultiva propia del Consejo y, con ello, la gobernación e historia de España desde el siglo XIX al siglo XXI.

La Biblioteca, facilitando las adecuadas fuentes documentales, se erige en un primordial instrumento de apoyo para la resolución de las consultas que recibe el Consejo.

Jorge Tarlea López-Cepero

Jefe del Archivo y Biblioteca